Tener cualquier disciplina es agotador. Sin embargo, tiene sus recompensas. Te da como un sentido de direccion en esta ruta escabrosa que es la vida. Pero lo cierto es que sin disciplina y compromiso no logramos obtener eso que nos hemos propuesto. Me imagino que eso aplica tambien en la escritura creativa, es sentarse a escribir sin pensarlo mucho, sin elaborar demasiado. Es sentir como la palabra va fluyendo lentamente hasta tomar lugar en tu mente y poder traducir ese pensamiento en palabras que algun lector pueda leer. Claro ese lector voy a ser yo. Porque no creo que alguien en este universo se tome la molestia de leerme, al menos por curiosidad. Mis palabras son simples detalles de la vida, cosas cotidianas que ocurren diariamente con los mismos personajes o con nuevos actores. Por ejemplo, como cuando voy por las mananas a comprar desayuno a este supermercado cerca de mi trabajo. Veo a este hombre regordito con su delantal rojo hasta las rodillas y aquellos ojos saltones que parecen salirse de la cuenca, son expresivos, asi como el bigotito y ese caminar, el caminar tan rapido, con los dos pies apuntando hacia fuera. Va de prisa, siempre dice algun comentario y por ahi se va y se fue. Mientras estoy parada haciendo la fila y observo los mismos movimientos de siempre, la chica que sirve el cafe con sus unas largas pintadas con tonos color pastel, la chica del cuchillo cortando el pan, con aquellos hermosos ojos verdes y los dientes grandes que no le caben en la boca, el chico que sirve el desayuno con la mancha en su mejilla. Es una estampa. Y yo con la carterita en la mano, el celular y la llave del carro, esperando impaciente ya paso la hora de ponchar en el trabajo, siempre lo mismo, siempre llego tarde.
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